Hace mucho que me acompaña la convicción de que el pensamiento teórico y la reflexión que éste exige acaecen de modo más intenso e interesante cuando está agenciado por las tensiones del diálogo. En los encuentros y desencuentros, cuando procuramos escuchar al otro también puede que logremos escucharnos verdaderamente a nosotros mismos en el pensar, y acaso repensarnos o insistir(nos) en nuestras propias obsesiones, claro.
En esta convicción he ido tramándome amistades entrañables y retadoras, o son estas amistades las que me han ido llevando a la convicción, no importa. No hay origen ni destino en las ideas, sólo flujo. En el intento de agenciar también trazas de esas experiencias y otras insistencias, comparto por acá la edición aniversaria de la revista Comunicación.

No hay comentarios:
Publicar un comentario